Usuario anónimo ¿Quieres tener tu propio blog?
Crear blog gratis en OboLog

(H. S. Thompson) Miedo y asco en las vegas

por paboni25
jueves, 23 de julio del 2009 a las 00:05

Este libro tiene las morbosidad sucia, de la que suele rodearse al mundo de las drogas,y la simpatía de los "colgaos" que tanta gracia hacen al que observa desde lejos(también es recomendable Transpoitting)...Pero me quedo con este fragmento porque más allá del mensaje tradicional de las drogas como fuente de placer y diversión creo que encuentra una razón  más profunda y desconocida...mucho que ver con la identidad...

 

Desde luego. Pero , ¿qué es sano o saludable?Sobre todo aquí en " nuestro propio país"...en la desdichada era de Nixon. Todos estamos ya conectados a un viaje de supervivencia. Se acabó la velocidad que alimentó los setenta. Los estimulantes se han pasado de moda. Este fue el fallo fatal del viaje de Tim Leary. Anduvo por toda Norteamérica vendiendo expansión de la conciencia sin dedicar ni un solo pensamiento a las crudas realidades carne/gancho que estaban esperando a todos los que le tomaron demasiado en serio. Después de West point y del sacerdocio, el LSD debió parecerle muy razonable...pero no produce una satisfacción saber que él mismo se preparó su propia ruina, que arrastró consigo al pozo a muchos otros, a demasiados.

No es que no se lo merecieran : recibieron todos sin duda lo que se merecían. Todos aquellos fanáticos del ácido patéticamente ansiosos que creían poder comprar Paz y Entendiemiento a tres bielletes la dosis. Pero su fracaso es también  el nuestro. Lo que Leary hundió con él fue la ilusión básica de un estilo de vida total, que él ayudó a crear...quedando una generación de lisiados permanentes , de buscadores fallidos, que nunca comprendió la vieja falacia mística básica de la cultura del ácido:el desesperado supuesto de que alguien(o al menos alguna fuerza ) se ocupa de sostener la Luz allá al final del tunel.

Es la misma mierda cruel y paradójicamente benevolente que ha mantenido en pie tantos siglos a la Iglesia católica . Es también la ética militar...una fe ciega en una "autoridad" más sabia y superior. El Papa, El General, El primer Ministro....y así sucesivamente hasta....Dios.

Seguir adelante

por paboni25
lunes, 06 de julio del 2009 a las 03:48

He logrado recobrar el pulso,
arreglé mi boca tras los últimos besos,
eliminé mi barba y las ojeras,
enderecé los perfiles de mi atuendo,
logré modular de nuevo el tono de mi voz,
he ordenado que cierren las heridas
y que un nuevo gesto de paz me represente,
que sigan adelante aquellos rumbos
marcados también por la costumbre...
pero siguen estando ahí sus ojos sin fin
presidiendo mis noches
y todos los rincones de mi instinto

 

Rafael de Cózar.Ojos de Uva

La soledad era esto(J. José Millas)

por paboni25
martes, 16 de junio del 2009 a las 15:53
guardado en

 

Premio Nadal 1990

Hay otra historia que me contaron de pe­queña que me gustó mucho más y en la que todavía creo, aunque no se lo he dicho a na­die. Se trata de lo siguiente: según mi madre, todos tenemos en nuestras antípodas un ser. que es exacto a nosotros y que ocupa siempre en el globo un lugar diametralmente opuesto al nuestro (si no, no sería antípoda). Me con­taba mi madre que este ser anda, duerme y sufre al mismo tiempo que una porque es nuestro doble y piensa siempre lo mismo que nosotras pensamos y al mismo tiempo. Al pa­recer, en épocas remotas algunos aventure­ros viajaron en busca de su doble, pero nunca llegaron a verlo porque el doble se desplazaba al mismo tiempo que ellos para no perder su posición simétrica en el globo, pero tam­bién porque el doble había tenido la misma idea y se había puesto a viajar en busca del otro al mismo tiempo. Esta historia me hizo sentirme muy acompañada en mi infancia, pues cuando tenía miedo por las noches pen­saba en mi antípoda, a la que le estaba pa­sando lo mismo que a mí y tenía la impresión de que nos mandábamos ánimos de un extre­mo a otro de la tierra. A veces, por crueldad, me pinchaba con una aguja un dedo para fas­tidiarla, pero es que ella hacía cosas que tampoco estaban bien, como un día que se rompió un vestido nuevo por no llevar cuida­do con unos alambres y a mí me costó estar castigada cinco días sin salir. A mi antípoda, al principio, la llamaba Florita, pero luego me pareció un nombre un poco cursi y co­mencé a llamarla Elena (no sé cómo me lla­maría ella a mí). Por eso a mi hija mayor le puse ese nombre, que no ha llevado ninguna otra mujer de la familia

El Muyahidín

por paboni25
lunes, 15 de junio del 2009 a las 15:44
guardado en

Este texto no es una recomendación mía, sino que proviene de un buen amigo...y espero que no sea la última, es un artículo que habla sobre un periodista, Miguel Gil, de manos de Reverte, el artículo no tiene perdida, y además nos recuerda que de vez en cuando surge gente dispuesta a entregarse por causas más nobles, que de verdad hay cosas por hacer y que de verdad hay cosas que se hacen....

  

Son las siete y pico de la mañana y Márquez

me llama desde Israel, tío, acaban de

cargarse a Miguel en Sierra Leona. Le digo

que sí, que ya lo sé, que acaba de decirlo la radio.

Una emboscada. Iban él y Kurt Schork -Holiday

Inn de Sarajevo, agencia Reuter, dos puertas más

allá en el mismo pasillo-, buscando lo que buscas

siempre en ese oficio: una historia, una imagen.

Todo eso, en África y en plena merienda de

negros. Ni un ruido, ni un alma, y Miguel y el otro

intentando llegar a alguna parte mientras se ganan

el jornal. Y de pronto, tacatacatá. Achicharrados los

dos sin decir esta boca es mía. Por suerte, apunta

Márquez, los pillaron así y no vivos. Se tarda

mucho más en morir macheteado. Ya sabes: chas,

chas, y mientras tanto dices muchas veces ay.

Luego Márquez se despide y yo me quedo

pensando que Márquez sólo es duro por fuera, y

que se le nota muy jodido por Miguel. Por nuestro

Miguelito. Han rescatado el cuerpo, dice antes de

colgar. Así que cuando lo devuelvan a Barcelona,

mándale una corona tuya y mía. O mejor ve al

entierro. He contestado sí, claro que iré. Pera la

verdad es que no pienso ir. No tengo cojones para

ponerme delante de Pato, su madre.

 

Luego me he quedado muy callado y muy

quieto, recordando al tipo alto, muy educado, que

se nos acercó una noche en un bar de Split

pidiendo que lo dejáramos acompañarnos en su

moto a la guerra porque estaba harto de coger el

autobús para ir a trabajar como abogado en

Barcelona. Un tipo que tres días más tarde había

tenido su bautismo de fuego y era nuestro ahijado y

nuestro amigo, y a quien -él llegó cuando yo casi

me iba- describí así en Territorio comanche,

pocos meses más tarde: «Era su primer conflicto».

bélico y sé lo tomaba todo muy a pecho porque aún

vivía esa edad en que un periodista cree en buenos

y malos y se enamora de las causas perdidas, las

mujeres y las guerras. Era valiente, orgulloso y

cortés. Mientras otros periodistas contaban la

guerra desde hoteles, él vivía casi todo el tiempo

en Mostar, y cada vez salía y regresaba con

medicinas para los niños. Se lo encontraban entre

los escombros, con un pañuelo verde en torno a la

frente, alto, flaco y sin afeitar, con los ojos

enrojecidos y esa mirada inconfundible que se les

pone a quienes recorren los mil metros más largos

de su vida: mil metros que ya siempre los

mantendrán lejos de aquellos a quienes nunca les

ha disparado nadie

 

Ahora releo esas líneas y me quedo

absorto, con una incómoda congoja dentro, y

pienso que ya han pasado siete años desde que

Miguel Gil Moreno se presentó aquella noche en

Split, y que su carrera fue como él quiso que fuera:

dura, rápida, brillante y peligrosa. Empezó

buscándose la vida como chófer de periodistas,

luego cogió una cámara para ir a sitios donde nadie

se atrevía a ir, y al fin se hizo una reputación

asumiendo riesgos enormes en zonas muy difíciles,

trabajando por cuatro duros para las televisiones

inglesas. Reportero de guerra de la Associated

Press TV, le gustaba trabajar solo, le dieron un

premio Rory Peck por sus imágenes de Kosovo, le

rompieron dos costillas y le abrieron la cabeza en

el Congo, y dejó boquiabierta a la tribu de

zánganos que transmitía desde los campos de

refugiados cuando fue el único periodista que, al

cuarto o quinto intento, logró meterse en Grozni a

base de perseverancia y de huevos. Y hay algo

que casi nadie sabe, salvo Márquez y yo, y también

Paco Nistal, el páter, capellán de los cascos

azules: era católico creyente, y siempre que podía

se confesaba antes de entrar en combate.

 

Estuvo siete años debiéndome cien marcos que le

presté un día que andaba tieso, y siempre

bromeábamos sobre esa eterna deuda, que me

negaba a cobrarle si no era en forma de bayoneta

de Kalashnikov, que él siempre juraba traerme en

el siguiente viaje. Sólo tengo dos fotos suyas: una

con Carmelo Gómez e Imanol Arias, el día que

estuvimos juntos por última vez en zona de guerra,

cuando a punto de rodar aquella película

comanche lo acompañamos a filmar a los serbios

incendiando las afueras de Sarajevo al retirarse. La

otra es en Mostar, en una trinchera, con su chaleco

de reportero y el pañuelo en la cabeza que daba

aire de muyahidín islámico a su perfil de halcón

flaco. Hablé con él hace tres semanas, cuando me

llamó desde Londres para que le diese una

entrevista a una periodista amiga suya. Me dijo que

ya tenía treinta y dos, y que a veces estaba

cansado. Poco dinero y mucho riesgo, añadió. Será

malo envejecer así, y quizá deba buscarme algo

por ahí. Ahora recuerdo esa conversación, y me

parece verlo reírse por el agujero del diente que le

faltaba. También lo veo cruzando con su moto a

través de la guerra y de la vida, veloz, impasible y

valiente, del mismo modo que entró en Sarajevo

cruzando el monte Ingman. Y sé que me he

quedado sin la bayoneta de Kalashnikov, y que

cada vez tengo menos amigos y más canas. Unas

canas que Miguel no tendrá nunca.

 

11 de junio de 2000

 

Oliverio Girondo

por paboni25
domingo, 07 de junio del 2009 a las 13:22
guardado en

Oliverio Girondo, a propósito de "El lado oscuro del corazón"

 

No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! y en esto soy irreductible, no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. ¡Si no saben volar pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Esta fue y no otra la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres

¡Con que impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Milan Kundera(la insoportable levedad del ser)

por paboni25
viernes, 29 de mayo del 2009 a las 16:39
guardado en

 Milan Kundera es ante todo un filósofo, pero no es complicado de leer, utiliza ejemplos concretos a través del análisis profundo de las relaciones humanas ....Si te gusta calentarte los sesos de vez en cuando, cualquiera de sus libros es recomendable, y si no, también....

1

"La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?

El mito del eterno retorno viene a decir, per negatio-nem, que una vida que desaparece de una vez para siem­pre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros.

¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africa­nos si se repite incontables veces en un eterno retorno?

Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable."

 

 

"Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el mo­tivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno re­torno la carga más pesada (das schwerste Gewicht).

 Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, en­tonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.

¿Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la le­vedad?

La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.

Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele ha­cia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan li­bres como insignificantes.

Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la leve­dad?"

Paul Auster(Mr.vértigo)

por paboni25
jueves, 28 de mayo del 2009 a las 19:52
guardado en

 Guardo un recuerdo bastante amable de este libro.

Acompañado con mucho sentido del humor, deja ver que la metáfora del vuelo tiene bastante relación con la lógica de la vida,y a veces detrás de los ascensos vertiginosos, quedan precipitadas caídas, o bien todo lo que sube ,baja.

Aprender a vivir con esto es parte del camino.....

-No eres mejor que un animal. Si te quedas donde estás, habrás muerto antes de que acabe el invierno. Si vienes con­migo, te enseñaré a volar.

-No hay nadie que pueda volar, señor -dije-. Eso es lo que hacen los pájaros, y estoy seguro de que yo no soy un pájaro.

-Tú no sabes nada -dijo el maestro Yehudi-. No sabes nada porque no eres nada. Si no te he enseñado a volar an­tes de que cumplas los trece años, puedes cortarme la cabeza con un hacha. Te lo pondré por escrito si quieres. Si no cumplo con mi promesa, mi suerte estará en tus manos.

Era un sábado por la noche a principios de noviembre y estábamos de pie delante del Café Paraíso, una taberna fina del centro que tenía una orquesta de jazz compuesta por músicos de color, y vendedoras de cigarrillos con vestidos transparentes. Yo solía merodear por allí los fines de se­mana tendiendo la mano, haciendo recados y buscando ta­xis para los ricachos. Al principio pensé que el maestro Yehudi era sólo un borracho más, un rico buscador de alco­hol que se tambaleaba por la noche vestido con un esmoquin negro y un sombrero de copa de seda. Su acento era extraño, por lo que me figuré que no era de la ciudad, pero eso me tenía absolutamente sin cuidado. Los borrachos di­cen cosas estúpidas, y el asunto aquel de volar no era más estúpido que la mayoría de ellas.

-Si subes demasiado alto por los aires -dije-, puedes romperte el cuello cuando bajas.

-Hablaremos de la técnica más tarde -dijo el maestro-.

Angel González

por paboni25
sábado, 23 de mayo del 2009 a las 22:10
guardado en

Magnífico poeta, Ángel González.....

 

ESO ERA AMOR

Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
               -¿Te gustan solos o con rimel?
-Grandes
                    respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.

 

LA VIDA EN JUEGO

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.

 

PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

Sobre el blog

Fractura de Literatura

Blog que recoge pequeños fragmentos de textos 

Ver ficha del blog en OboLog

Login

Comentarios

Milan Kundera(la insoportable levedad del ser) (blanca)
Dos veces he leido, " la insoportable levedad del ser, " en cada una he entresacado muchas ......(30 sep)
Pablo Neruda(Confieso que he vivido) (josemanuel)
ESTA CONFESION ME CONMOVIO MUCHO Y ESO DEJA ALGO MUY IMPORTANTE QUE DECIR A LA SOCIEDAD EN QUE ......(14 feb)
Pablo Neruda(Confieso que he vivido) (maria villalobos)
bueno a mi me parece bien el libro y su contenido ya  que su autor es un personaje inigualable que ......(01 oct)
Seguir adelante (paboni25)
Ni puta idea quien es este poeta, me tropece con el poema en internet y despues de leerlo me dije : ......(06 jul)
Cuatro Amigos (David Trueba) (Angel Sorroche)
eyy muy bueno un libro de Paul Auster k me estoy leyendo, Brooklyn Follies, de Anagrama también, y ......(23 jun)

Más comentados

Pablo Neruda(Confieso que he vivido) (2)
Autobiografía de Neruda.. "Ahora voy a contarles alguna historia de pájaros. En el lago Budi ...
Cuatro Amigos (David Trueba) (2)
Inicio este blog con la intención de rescatar de ciertos libros, pedazos, algunos fragmentos que ...
Mario Benedetti(Hagamos un trato) (1)
Desde aqui rindo mi pequeño homenaje a Benedetti, se lo merece...   Compañera usted sabe puede ...
Angel González (1)
Magnífico poeta, Ángel González.....   ESO ERA AMOR Le comenté: -Me entusiasman tus ojos. Y ella ...
Milan Kundera(la insoportable levedad del ser) (1)
 Milan Kundera es ante todo un filósofo, pero no es complicado de leer, utiliza ejemplos concretos ...

Suscripción

Suscríbete al Feed RSS XML

También puedes suscribirte directamente con alguno de los siguientes enlaces:

  • Suscríbete en Bloglines
  • Suscríbete en Google